MIYAJIMA: ENCUENTRA TU PAZ INTERIOR

UNO DE LOS TRES PAISAJES MÁS BELLOS DE TODO JAPÓN

Si estáis planificando un viaje por Japón, Miyajima puede ser un destino que no habíais considerado en vuestro recorrido, y aunque sé que no es fácil decidirse entre los cientos de lugares que tiene el país del sol naciente, creo que sería un error no visitar uno de los tres paisajes más bellos de todo Japón según los japoneses.

Miyajima es una pequeña isla situada al sur de Hiroshima, un lugar espiritual en el que encontraréis vuestra paz interior. Es conocida por su torii flotante del santuario de Itsukushima y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996.

Tenéis varias opciones para poder conocer la isla de Miyajima, al tener un tamaño muy reducido, un buen plan podría ser realizar una excursión de un día, pero sinceramente, si podéis alojaros en alguno de los hoteles de la isla disfrutaréis de la paz de la que os hablo. Nosotros pasamos la noche en el hotel Kikunoya, situado en los pies del templo Daishoin, nuestra experiencia no pudo ser mejor, pero de esto os hablaré en el post dedicado a este fantástico hotel.

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Imagen obtenida de la página web Booking.com

Durante el día, la isla se llena de oleadas de turistas que desembarcan en los ferrys que están continuamente llegando desde Hiroshima, turismo nacional e internacional inundan las pequeñas calles de Miyajima, pero la gente se marcha, y la isla se queda en silencio, y es entonces cuando uno puede disfrutar de un momento para si mismo entre templos y santuarios, frente al torii flotante, con el mar a sus pies.

La isla de Miyajima tiene una fantástica conexión con Hiroshima, tenéis dos alternativas, una desde Hiroshima en el JR Sanyo hasta la estación de Miyajimaguchi y desde allí cruzaremos a la isla con el ferry, todo ello incluido en el JR Pass, y otra opción sería coger un ferry desde el puerto de Hiroshima situado en pleno Parque de la Paz hasta Miyajima, el trayecto dura tan sólo 40 minutos y si vuestra idea es visitar Hiroshima esta puede ser la opción más rápida y céntrica, con un coste de unos 30€. Nosotros optamos por la primera opción, tanto para la ida como para la vuelta, pero yo me quede con pena de no haber probado el ferry directo a Hiroshima.

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Imagen obtenida de la página web http://jr-miyajimaferry.co.jp/en/

Estando en el ferry, cuando comienzas a acercarte a Miyajima, hay algo que te recorre el cuerpo, una sensación diferente que no puede explicarse… quizás el hecho de estar llegando a un lugar sagrado tenga mucho que ver, no lo sé, pero tengo que reconocer que en ese momento comencé a sentirme diferente, en paz conmigo misma, tranquila.

Al llegar al puerto de Miyajima, os daréis cuenta de la cantidad de turistas que acuden cada día a este lugar tan bello de Japón, serán con los que tengamos que convivir durante nuestra visita a a la isla, bueno, con ellos y con un montón de ciervos que pasean tranquilamente por las calles buscando un aperitivo en los bolsos y mochilas de los turistas, recordad que no se les debe de dar comida y que aunque nos recuerden a nuestro querido Bambi y nos den ganas de achucharlos no debemos hacerlo ya que no dejan de ser animales salvajes que aunque estén acostumbrados a convivir con los turistas pueden llegar a enfadarse mucho, dejadles tranquilos.

Como en cualquier lugar de Japón, la gastronomía es algo importantísimo, siendo las grandes protagonistas de la isla las ostras y la anguila (tengo que reconocer que este fue el motivo principal por el cual decidí visitar Miyajima). Y si hablamos de comer debemos destacar la calle más céntrica de la isla, Omotesando, se trata de una calle comercial semicubierta, donde encontraremos multitud de pequeños restaurantes y tiendas para degustar todas las especialidades de la zona.

Los verdaderos protagonistas de Miyajima son los templos y los santuarios, pero no sólo existe el famoso santuario de Itsukushima, el cual se encarga de recibirnos en la isla con su torii flotante, sino que caminando por sus senderos podremos descubrir auténticas maravillas arquitectónicas. Si os soy sincera, es bastante difícil poder conocer todos y cada uno de ellos en una visita express de dos días, pero bien merece la pena descubrir los situados en el mismo pueblo de Miyajima, será suficiente para hacernos una idea.

Nuestro recorrido por Miyajima, comenzó sobre las 10.00h de la mañana, tras dejar nuestras mochilas en el hotel salimos a descubrir las preciosas calles de este singular pueblo. Me sorprendió lo fácil de puedes evadirte del jaleo de los turistas con tan sólo separarte un par de calles de la calle Omotesando o del paseo marítimo, es tan fácil sumirte en el silencio… Callejeamos durante toda la mañana por la zona céntrica, sacamos mil fotos del torii, descubrimos la plaza del templo Daiganji y probamos multitud de delicias en la calle Omotesando, desde ostras a la brasa, dulces típicos, etc. hasta nos tomamos un mojito para refrescarnos del ardiente sol.

A media tarde decidimos realizar el recorrido recomendado por los chicos de Japonismo por el callejón Yamabe o Yamabe no Komichi, desde el cual no sólo pudimos tener vistas privilegiadas del gran torii flotante, sino que además tuvimos una imagen privilegiada de los tejados de las preciosas casas de Miyajima. Continuamos nuestro paseo para poder ver la gran pagoda de cinco pisos Goju no to y el salón de madera Senjokaku un lugar que no podéis perderos.

Tras este tranquilo y sorprendente paseo, decimos continuar descubriendo los templos de Miyajima y nos acercamos al templo Daishoin, lugar desde el cual podéis comenzar la ruta de senderismo que conecta este templo con la puerta Niomon y el acceso a la cima del monte Misen (nosotros no tuvimos oportunidad de realizar esta caminata de 3 kilómetros ya que no disponíamos de tiempo suficiente).

El templo Daishoin es un lugar maravilloso, situado en plena montaña con riachuelos y pequeñas cascadas a su alrededor, y lleno de preciosas estatuas y pequeños Jizos (los Jizos son pequeñas y simpáticas estatuas repartidas por toda la isla y por todo Japón, deidades guardianas de los viajeros y los niños fallecidos, han alcanzado la iluminación pero han aparcado temporalmente la posibilidad de llegar al final del camino del Buda para ayudar al resto de personas que aún siguen sufriendo, si queréis conocer mucho más de los Jizos los chicos de Japonismo nos hablan de todas las curiosidades e historia de estos preciosos “niños piedra” en su post). Recordad que todo en Miyajima cierra muy pronto, sobre las 17:00h, así que intentad acudir temprano para poder disfrutar de esta y otras muchas actividades.

Tras nuestro paseo y con el cierre de todos los templos y los comercios de la zona, decidimos pasear bajo el gran torii flotante ya que la marea había bajado, esto nos permitió sacar unas fotos preciosas y un curioso time-lapse del atardecer en Miyajima que os muestro al comienzo de este post.

Después de degustar una cena tradicional japonesa en nuestro hotel, de la cual os hablamos en el post dedicado a Kikunoya, decidimos salir a pasear por el pueblo, nuestra sorpresa fue encontrarnos con una isla desierta, tan sólo éramos una docena de turistas los que tuvimos el placer de disfrutar del silencio y la calma de este paraje tan hermoso y mágico. Es muy típico que los turistas se vistan con un kimono tradicional japonés para cenar en los hoteles y para pasear por la noche por el pueblo.

Por la mañana, merece la pena que madruguéis un poquito ya que tendréis la oportunidad de disfrutar del santuario de Itsukushima en completa soledad. Nosotros decidimos realizar la visita a Itsukushima a primera hora de la mañana y tan sólo nos cruzamos con los monjes encargados del santuario, así que la experiencia no pudo ser más placentera. Si decidís visitar este lugar a lo largo del día os encontraréis con continuas aglomeraciones de gente y el disfrute será bastante limitado.

Nuestra visita a Miyajima fue corta pero realmente placentera, nos despedíamos de la isla con una sensación de paz que muy pocas veces he sentido. Siguiente destino Kobe, lugar de culto a la carne. Espero que hayáis disfrutado con este post lleno de sentimientos y parajes alucinantes. Nos leemos.

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