BALAGAN: Cocina Israelí en el corazón de París.

RESTAURANTE BALAGAN

Ha nacido una estrella en la gastronomía parisina

Si buscamos la traducción de Balagan, encontraremos algo muy curioso, su significado es “desorden” en hebreo. Una curiosa manera de describir la nueva estrella gastronómica de París.

A los pies del Hotel Renaissance Paris-VendÔme, entre la Place VendÔme y los Jardin des Tulleries, dos emprendedores muy arriesgados han conseguido dar la campanada con este restaurante de comida israelí.

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Assaf Granit y Uri Navon han conseguido que todas las miradas se fijen sobre su moderno e innovador restaurante. Todos y cada uno de los amantes de la new cucine de París, se pegan por conseguir una mesa en el restaurante Balagan. Su comida con raíces israelíes han conseguido cautivar no sólo a la crítica gastronómica sino a multitud de parisinos y turistas que cada día recorren la ciudad de París.

Imagen obtenida de la página web oficial de Balagan
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Un local alegre, con una decoración muy cuidada, un personal muy profesional a la vez que cercano y una carta en la que descubrir algo muy diferente, Balagan consigue acercar al comensal a una cocina desconocida, la cocina israelí que nos cautiva con sus aromas, sus especias y sus creaciones sorprendentes.

Todo el equipo de Balagan ha conseguido que cuando el comensal acceda al restaurante se sienta como en casa. Su decoración llena de asientos tapizados de terciopelo, sus lámparas fabulosas que iluminan discretamente cada mesa y cada rincón, su vajilla de la cual me enamoré completamente y su fina cristalería en la que degustar caldos perfectos de cualquier parte del mundo. Una perfecta armonía para disfrutar de una velada ideal.

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Mi primera noche en París decidí que Balagan sería el lugar idóneo para darme la bienvenida al que sería un gran viaje gastronómico de cinco días. Al acudir sola, el personal me propuso sentarme en la barra del restaurante, lugar que separa la sala de la cocina. No sé si es que me habían leído la mente o sin quererlo mostré mis ganas de ocupar este lugar, pero la verdad es que dieron en el clavo. Siempre que tengo oportunidad prefiero sentarme cerca de la acción para poder observar a los cocineros y sus creaciones, preguntarles, charlar con ellos e incluso intercambiar algún secretillo culinario.

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Me atendió un chico encantador que desde el primer momento me aconsejó sobre mis elecciones, desde los platos hasta el vino, me dio de probar algún experimento que estaba realizando junto a su compañera de cocina y siempre estuvo atento a mis necesidades. Es una pena que no recuerde su nombre.

Como comprenderéis no pude probar demasiadas cosas de la carta, cuando uno acude sólo a un restaurante las opciones de degustación se reducen, tan sólo deguste dos platos deliciosos, probé el Deconstructed Kebab, una sartén llena de sabores y olores que ligeramente recuerdan a esos bocadillos que tanto se han puesto de moda en cualquier esquina de cada ciudad, pero que ni de lejos podemos comparar con la finura con la que consiguen guisar la carne de cordero y especiarla para el cliente en Balagan. Tras este descubrimiento, me arriesgue con un plato de pescado, y acerté, puede que sea el mejor salmón que he probado en mi vida, cocinado a baja temperatura y dorado en los fogones frente a mi, acompañado por una crema de zanahoria y unas zanahorias baby, un ligero cous-cous decorando el plato y un toque verde con unas judías salteadas con mantequilla, un auténtico placer.

Imagen obtenida de la página web oficial de Balagan
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Imagen obtenida de la página web oficial de Balagan
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Vi pasar platos impresionantes, preciosos y perfectamente dispuestos en su vajilla, un hígado de ave askenazí asado con especias, cebolla confitada y huevo escalfado, unas gambas con arak y quingombós, salsa de tomate, patatitas, menta y albahaca. Y, por último, los postres israelíes, un suave malabi (variante más ligera de la panna cotta, aromatizada con agua de rosas) acompañado con frutos rojos, el pastel de queso de Jerusalem o la refrescante piña colada.

Conclusión, he de regresar para poder seguir probando y probando todos esos platos hechos con alma israelí, con cariño y mucho amor que contagian a los comensales.

Espero que hayáis disfrutado con estos olores que Assaf y Uri nos traen de su tierra, que hayáis conseguido oler aunque sólo sea un poquito de la maravilla de esta cocina, y que os hayáis sentido como en casa en el espectacular Balagan. Nos leemos.

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